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CRONICAS CORNUDAS: SABER RETIRARSE




Situaciones cornudas: Saber retirarse

El buen cornudo tiene que saber ceder el paso a una macho alfa cuando a la esposa-puta se le presenta una buena oportunidad. Hay ocasiones en que nuestra ausencia puede ser más útil que nuestra presencia. Os pondré un ejemplo:


Una tarde fui con mi mujer a una cafetería. Era un local pequeño, con las mesas cercanas unas a las otras. Mi mujer me estaba explicando los problemas que estaba teniendo últimamente con su vespa. De pronto el tipo de la mesa de al lado, un cuarentón bien parecido que estaba solo tomándose una cerveza, y que ya hacía un rato que me había percatado que estaba pendiente de nosotros intervino decididamente dando a mi mujer una serie de consejos motociclísticos. Mi mujer le siguió la conversación y en un instante me encontré siendo el invitado de piedra de una charla entre moteros. El tipo ni me miraba, y yo parecía no existir, así que opté, como buen cornudo, retirarme, ya que notaba a mi mujer interesada por ese hombre. Poniéndome de pié me disculpé diciéndoles que iba al lavabo, y la mirada cómplice de asentimiento de mi esposa me hizo comprender que estaba haciendo lo correcto.

Me fui al lavabo como había anunciado y tras encerrarme en uno de los excusados me masturbé pensando en mi condición de cornudo consentidor. Tras el lechazo y habiendo pasado un tiempo prudencial volví a la mesa donde ya solamente estaba mi mujer, quien al verme, sonriendo, me dijo: “Gracias por retirarte… mira”, y mostrándome la pantalla de su teléfono me contó que David, que así se llamaba aquel tipo, le había dado su número móvil, y le había dicho que el día que quisiera la llevaba a dar una vuelta en su Harley Davidson. “¿Y por qué no lo llamas ahora?” respondí yo. “¿En serio, no te importa?” dijo ella emocionada como una adolescente. “Venga” sentencié. No tuve que decírselo dos veces, llamó a David y le preguntó si aún estaba en pié la propuesta de darle una vuelta en su moto, y supongo que respondiendo a alguna pregunta de él, le explicó que su marido (es decir yo) se había ido para casa mientras ella le había dicho que se iba de compras. Me pareció oír una carcajada del macho alfa. Pocos minutos después y tal y como habían acordado el tipo la pasaba a buscar en su Harley por la puerta de la cafetería. Yo, discretamente, observé como mi mujer se calzaba en la moto, se abrazaba al pecho de ese tipo con suerte, y se marchaban haciendo rugir el motor.

Mi mujer regresó a casa bien de madrugada, radiante, y oliendo a macho.



VIKINGO MIRON



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