Pero entonces tú te has apartado, te has sentado frente a mi, has puesto tu pie sobre mi cinturón de castidad y he visto como la llave se balancea en tu tobillo: esa llave que siempre llevas colgada para que todos vean que voy en castidad, que soy tu cornudo sumiso y que jamás follaré contigo. Y me has acariciado hasta que se me ha puesto durita y entonces me has sonreído con sorna, me has dicho que llame a tu amante y que cuando llegue lo lleve a tu habitación.

Y eso he hecho. Lo he llevado a nuestra cama, tu cama, y cuando lo has visto has comenzado a
morrearte con él. Y una vez desnudo me has señalado con la mano la cama y ya sé que tengo que echarme en ella para que tú apoyes tu cabeza en mi regazo y que él pueda follarte mejor. Su polla. Una buena polla que siempre está dura y dispuesta para follarte, mientras la mía permanece flácida. Por eso él es mi macho, mi hombre, me sueles recordar.